domingo, 20 de diciembre de 2009

PAREJAS. POR BENJAMÍN PRADO




Por lo mismo que une a Vallejo y los miércoles,
el mercurio y Bob Dylan,
Neruda y las ballenas.
Esas son las razones por las que estás conmigo.


Y también porque sabes todo lo que importa:
porque entiendes al niño que llora entre los árboles;
a la mujer que sueña con oscuras cocinas,
con cucharas que buscan su corazón partido.


Silenciosa, lámpara interminable,
yo pronuncio tu nombre para saber qué somos.
Te llamo bosque azul,
pájaro del océano,
estrella entre dos torres,
luna sobre la isla.


Tú te acercas;
entras en el poema
y desde ese poema abres una ventana,
descuelgas un teléfono,
coges un pez en la palabra río.


Estás aquí
y fuera se oyen voces,
gente que aún se mueve en donde ya no hay nadie,
una sirena,
un hombre que a lo lejos
pasa junto a nosotros:
ruidos de algún lugar en el que ya no estamos.


Por lo mismo que Julio Cortázar y el boxeo,
Bukowski y los hoteles pintados de naranja.
Handke y los lanzadores de cuchillos.
Por eso.
Esas son las razones por las que estamos juntos.

martes, 3 de noviembre de 2009

FUN, FUN, FUN.



Hace un par de semanas paseaba por la parte vieja de mi ciudad. Pisaba las hojas que habían sobrevivido a su suicido otoñal. Miraba las piedras silentes y buscaba alguna musa que me besara en la boca entre café y café.


Me descubrí acariciando el otoño, oliéndolo, empapándome de melancolía pura. Entonces un escaparate llamó mi atención. Vi a San José, la virgen, virgen María, el niño Jesús, un buey, un burro, un Ángel aún no caído colgado de un árbol nevado y apuntando su boquita angelical hacia un grupo de pastores que corrían a adorar al niño que ha nacido ya, que ha nacido ya.


Me quedé petrificado por la amplia sonrisa del niño yacente. Y por las amplias tetas de la escaparatista, también. Pero no ha sido esto último lo que hasta hoy no me ha permitido escribir. Hasta hoy no he abierto este blog. Aunque sabía desde el día de autos y de paseos ocres que hablaría sobre un niño prematuro.


Y he hablado con el mejor amigo que un niño diablo puede tener. Y me ha regalado, y eso que ni es mi cumpleaños ni estamos en reyes, bueno, o eso creo... el título para este contenedor de letras, de historias que brotan de y desde mis cafés.


Así que sí. Que la Navidad cada vez llega antes. Que faltaban tres meses para que naciera ese niño que según la tienda de moda y de modas ha visto la luz de las rebajas. Para el veinticinco de diciembre el recién nacido ya no será un recién nacido. Andará dándole que te pego al buey, al mulo, tirándole de las orejas a su seudo padre, pidiéndole la merienda a su madre más virgen que antes de alumbrarlo. Y, sobretodo, con semejante aprendizaje, cuando vea llegar los reyes con sus regalos dirá que vaya mierda. Que en la tienda donde él nació hay cosas mucho más chulas.


Y, la verdad, ojalá hubiera nacido en un pesebre así. Y sentirme Rómulo y Remo. Y ser alimentado por esa loba que me ofrecía su sonrisa pre navideña.


Pero no creo en la Navidad que llega cuando aún guardo luto por el verano. No debe ser muy bueno mezclar polvorones y sangría en una terraza estival. Porque si fuera así, así de cierto, ese niño moriría crucificado en febrero. Aunque tiempo al tiempo, que como al corte inglés le de por darle matarile antes de Semana Santa para adelantar las rebajas... no habrá milagro que lo salve.


En fin, fin. Yo también quiero ser el primero en algo: Feliz Navidad, joder, por si alguno de vosotros cree y crece con ella.